Entre bromistas…


Cierto día el zorro decidió mostrarse generoso y convidar a la vieja señora cigüeña. La cena no fue muy sofisticada-al ser de natural tacaño, no era dado a la alta cocina-; de hecho consistió en unas gachas servidas en un plato llano. En un minuto nuestro bromista había lamido su plato hasta dejarlo limpio; mientras tanto su invitada, tratando de pescar las gachas con el pico, no probó bocado. Para devolverle ésta broma pesada, la cigüeña invito al zorro a cenar a la semana siguiente. “Estaré encantado-replicó-; cuando se trata de amigos nunca me resisto.” En el día señalado se dirigió puntualmente a casa de su anfitrión y comenzó de inmediato a alabarlo todo: “¡Qué buen gusto!, ¡Qué elegancia” y la comida ¡ justo en su punto!”. Después se sentó con un apetito voraz(los zorros están siempre dispuestos a comer) y saboreó el delicioso olor de la carne. Era carne picada y servida-para que le sirviera de escarmiento- en una urna de cuello largo y estrecho. La cigüeña, inclinándose con facilidad, se hartó de comer sirviéndose de su largo pico; sin embargo al tener el hocico, de la forma y tamaño equivocados, el zorro tuvo que volver a su guarida con el estómago vacío, el rabo entre las piernas y las orejas gachas, con el rostro tan rojo como un zorro al que hubiera cazado una gallina. No hagamos a los demás lo que no nos gusta que nos hagan a nosotros.

JEAN DE LA FONTAINE

Aprende a delegar


Un día la tortuga conoció al elefante y éste le dijo: “fuera de mi camino debilucho, ¡que te voy a dar un pisotón!”. La tortuga no tenía miedo y se quedó donde estaba, así que el elefante la pisó, pero no la pudo aplastar, “No hagas alardes señor elefante, ¡soy tan fuerte como tú!” pero el elefante se limitó a reír, así que la tortuga le pidió que viniera a su colina la mañana próxima. Al día siguiente, antes del amanecer, la tortuga se apresuró colina abajo, hasta el río, donde se encontró con el hipopótamo, que iba de vuelta al agua después de su comida nocturna. “¡Sr. Hipo! ¿Jugamos al tira y afloja con la cuerda? ¡Apuesto a que soy tan fuerte como tú!”, dijo la tortuga. El hipopótamo se rió de esta idea ridícula, pero aceptó. La tortuga sacó una cuerda larga y le dijo que la sujetara con la boca hasta que le gritara “¡Ya!”. Entonces subió corriendo hasta la colina donde se encontró al elefante, que se estaba empezando a impacientar. Le dio al elefante el otro extremo de la cuerda y dijo: “Cuando diga ¡Ya! Tira y verás quien es el más fuerte de los dos”. Entonces corrió hasta la mitad de la colina, hasta un sitio donde no le podían ver, y gritó “¡Ya!”. El elefante y el hipopótamo tiraron y tiraron pero ninguno de los dos podía con el otro-tenían la misma fuerza-.ambos estuvieron de acuerdo en que la tortuga era tan fuerte como ellos. Nunca hagas lo que otros pueden hacer por ti. La tortuga dejo que otros le hicieran el trabajo mientras ella se llevó todos los méritos.

EL ZAIRE


El pájaro indio


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Un mercader guardaba un pájaro en una jaula. Marchaba de viaje a la India, la tierra de la que el pájaro procedía, y le pregunto que si podía traerle algo. El pájaro solicitó la libertad, pero le fue negada.

De manera que le pidió al mercader que visitara una jungla de la India y anunciara su cautividad a los pájaros libres que hubiera allí. El mercader así lo hizo, y apenas había hablado cuando un pájaro silvestre, semejante al suyo, cayó sin sentido desde un árbol hasta el suelo. El mercader pensó que debía de ser un pariente de su propio pájaro, y se sintió triste por haberle ocasionado la muerte. Cuando llegó a casa, el pájaro le preguntó si le había traído buenas noticias de la India.”No –dijo el mercader-. Creo que mis noticias son malas. Uno de tus parientes sufrió un colapso y cayó a mis pies cuando mencioné tu cautividad.” Tan pronto como se pronunciaron estas palabras el pájaro del mercader sufrió un colapso y cayó al suelo de la jaula. “las noticias de la muerte de su pariente le han matado a él también” pensó el mercader. Con tristeza cogió al pájaro y lo puso en el alfeizar de la ventana. Inmediatamente el pájaro revivió y echo a volar hacia un árbol cercano. “Ahora sabes- dijo el pájaro- que lo que considerabas un desastre, era, de hecho, una buena noticia para mí, así como la manera que el mensaje, la sugerencia sobre cómo debía comportarme para liberarme a mí mismo, a través de ti, mi captor.” Y echo a volar libre al fin.

 IDRIES SHAH, 1967