El premio a la ignorancia

Un pueblo ignorante es un instrumento ciego copiaMuy temprano en la mañana se levantan y con algarabía y gran entusiasmo avanzan hacia el lugar donde harán su entrega.

Fueron previamente influenciados por la noticia mentirosa o por la contribución económica demagógica de los postulantes.

Su carencia de mentalidad analítica, su pobreza en conocimientos y su condición paupérrima los ha convertido en autómatas, en títeres manejados al antojo de los magos publicistas y falsos políticos.

Son los miles de ignaros los que han hecho realidad el sueño de unos pocos astutos, vividores de la inmensa ignorancia del pueblo.

A estos humildes seres humanos, a los cuales se les ha manipulado vil y descaradamente, pareciera que les encanta vivir en la más completa pobreza. Merecen conmiseración, pero si se les tiene, se enojan. Esto lo entendieron los “estadistas”: para que el pueblo ignorante este feliz hay que mantenerlo sufriendo. Mostrarle esperanza, pero no materializarla.

Si por milagro divino, surgen inconformes con el sistema, la manada semiciega por la ignorancia, acalla la incipiente rebeldía.

Esta masa ignorante que favoreció a los vividores, está alegre, vive feliz mientras aún están frescos los resultados electorales, manipulados descaradamente por los encargados del tribunal.

Hacen inmensas caravanas dirigidas por aquellos que comerán bien los próximos cuatro años, atrás va la prole indocta, encaramada en los camiones, cual rebaño de vacas listas para el matadero. Así son felices.

En la soledad aseñorada de la elite mentirosa, las risotadas saltan al observar en sus videos, al montón de estólidos gritando y gozando por el triunfo alcanzado­ y expresan para sus adentros- “pobres pendejos”.

Pobres víctimas de un sistema engañoso, pobres insensatos que arrastran a otro tanto que no son tanto.

Son miles, sino millones, los que en las primeras horas de anunciarse el triunfo electoral, están alegres. Un mes después son premiados por su apoyo, ¡aumentan indiscriminadamente los precios de la canasta básica, y hoy estos que hicieron posible que unos pocos tengan para comer de sobra, quedarán haciendo un tiempo de comida al día, soportando hambre. Pero… eso es lo que les gusta. Así que… ¿qué se puede hacer?

“Felices los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos”

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