La timidez: cómo inicié a superarla


timidezLa falta de seguridad interna, esa timidez necia y dañina.  Recuerdo que casi todo me causaba vergüenza, cuanto no hubiese querido ser más osado en cuanto a expresarme en público o a dirigirme a una persona del sexo opuesto se refiere .

Esos sentimientos de inferioridad, esa falta de confianza que me privaba de una gran variedad de beneficios sociales fue sin lugar a dudas la aliada de mis rebeldías, las que unidas en abrazo fraterno propiciaron mi futuro sufrimiento.

Mi martirio interno no era poco  cuando se trataba de dar exposiciones frente a compañeros de colegio.

Comencé un proceso de investigación minuciosa sobre nuestra composición física, mental, emocional y di con muchos buenos consejos, reflexiones profundas, sugerencias positivas y recomendaciones sabias sobre cómo mejorar nuestra personalidad.

Recuerdo con emoción la ocasión cuando después de practicar durante aproximadamente un mes algunas técnicas de hipnotismo práctico extraídas de un libro que me obsequió mi padre, nos dirigimos a un concurrido salón donde habían aproximadamente unas 50 personas. Parados en la orilla de la puerta elegimos con mi compañero de lucha a una joven cualquiera, pero que por su belleza se mostraba muy segura de sí misma, fijamos sobre ella nuestra aguda mirada, la joven al notar que la observábamos se mostró contrariada, y frunciendo el seño nos clavo su penetrante mirada la que en mi caso resistí sin pestañar, obligándola al cabo de unos cuantos segundos, que me parecieron una eternidad, a que la bajara demostrando con ello la fuerza adquirida con los ejercicios propuestos en el libro. Desde esa vez en adelante nuestra mirada denotaba seguridad, firmeza, fuerza y osadía. ¿Bueno o malo? El amable lector puede sacar sus propias conclusiones.  Refiero este incidente solo con el único afán de ilustrar lo que el esfuerzo perseverante en determinada dirección puede lograr.

La práctica hace al maestro. Practicar y practicar para mejorar es la mejor receta contra nuestras carencias, deficiencias y limitaciones.

Sé por experiencia que hasta los hábitos más arraigados pueden vencerse si a nuestra decisión de cambiar le agregamos un elemento que nunca deberá faltar si queremos sobreponernos a nuestros obstáculos internos: La ayuda de Dios, sin ella no podremos mantener por largo tiempo nuestra recién adquirida “nueva vida” es Dios quien con su poder hace posible las grandes transformaciones de nuestro carácter, no obstante es preciso poner un pequeño esfuerzo, tomar la decisión y emprender el camino de la transformación.

“El árbol cuyas raíces se abren paso entre el sequedal, hacia la profunda humedad,  resiste los embates de las sequías mas empecinadas”