LA REGLA DE ORO

Imagen¿Cuál es la clave para las relaciones con los demás? Ponerse en el lugar de las demás personas en vez de ponerlas en su lugar. Cristo ofreció la regla perfecta para establecer relaciones humanas de calidad.

Nosotros la calificamos como la «regla de oro», nombre dado durante el siglo diecisiete. Casi al finalizar el sermón del monte Cristo resumió una serie de profundos pensamientos sobre la conducta humana cuando dijo: «Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos» (Mateo 7:12).

En este sencillo mandamiento, Cristo nos enseñó dos cosas acerca del desarrollo de las relaciones con los demás. Necesitamos decidir cómo queremos que nos traten; luego debemos comenzar a tratar a los demás de esa manera.

Recientemente llevé a mi hija Elizabeth a almorzar a un restaurante.

La camarera, cuya labor es atender a las personas, nos hizo sentir como si la estuviéramos importunando. Estaba de mal humor, tenía una actitud negativa y no fue nada servicial. Todos sus clientes estaban conscientes de que tenía un mal día. Elizabeth me miró y me dijo: «Papá, que malhumorada es, ¿verdad?» No me quedó otra cosa que estar de acuerdo con ella. Todo lo que le pedíamos a la camarera resultaba en una mirada de desdén de parte de ella. En medio de nuestra amarga experiencia, intenté cambiar la actitud negativa de la camarera Extrayendo un billete de diez dólares, le dije: « ¿Pudiera hacerme un favor? Necesito cambiar este billete porque deseo darle una buena propina.» La mujer me miró, dio media vuelta y se dirigió rápidamente hacia la caja registradora. Después de cambiar el dinero, estuvo merodeando alrededor de nosotros durante quince minutos. Le di las gracias por el servicio, le dije cuán importante y servicial era y le dejé una buena propina. Aprovechando esa oportunidad ideal, le respondí:

-Elizabeth, si quieres que las personas actúen correctamente contigo, actúa tú correctamente con ellas. Y muchas veces conseguirás hacerlas cambiar.

Elizabeth nunca olvidará esa lección porque vio ocurrir un cambio notable ante sus propios ojos. Aquella mujer malhumorada no se merecía que la trataran amablemente. Pero cuando la traté distinto a lo que era ella, de la forma en que yo quería que fuera y en la que creía que podía convertirla, repentinamente cambió su modo de actuar.

Cualquiera que sea su posición en una relación, si usted está consciente de un problema, es su responsabilidad concertar un esfuerzo en aras de generar un cambio positivo. Deje de esta señalando con el dedo a los demás y de estarse justificando, y trate de convertirse en un catalizador, mostrando e iniciando usted el comportamiento apropiado. Decídase a ser un iniciador y no un contradictor.     John C. Maxwell

 

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